Y mientras las hojas eran dejadas suavemente en el suelo por la brisa, nada turbaba el fresco aire más que tu mirada penetrante atravesándome como si fuese un fantasma, desde la otra esquina.
Pocos fueron los segundos a mi favor, nada más que el tiempo de cambio de la luz del semáforo. Distinguí bajo un leve parpadeo de colores intermitentes cómo tus ojos, fijos en mi, me apuntaban, como si querían hablarme. ¿Qué querrán decir? - me preguntaba mientras la masa de gente me empujaba hacia la esquina contraria, bajo una luz de resplandor verde en una fría noche santiaguina.
Desde entonces cada día paso por ese lugar, esperando a que vuelvas a aparecer con tus ojos cafés, mirándome intensamente, pero tal vez, esta vez, hablándome.
-. Memorias de tu paso por mi vida.
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