Y tal como apareció él en mi vida, desaparecí yo de la suya.
En un
instante silencioso, con su silueta fundiéndose en el paisaje tras mis
pasos.
Como si nada hubiese pasado.
Como si esos dos ojos no me hubiesen cautivado.
Esos son los momentos que valen. Los que se respiran día a día como una tarde cotidiana. Ese día que no es más que otro en la lista del calendario, sin más que hacer que existir.
Es en esos días en que sabes quien está a tu lado para bien y para mal, no sólo en las ocasiones especiales. Porque lo que llena la vida son los detalles y los pequeñas cosas, el darle a lo cotidiano ese toque de esplendor que ilumina tu día.
No apartes tu mano de la mía en esos días, vívelos conmigo.