sábado, 30 de julio de 2011

Hola, ¿Me recuerdas?

Nuevamente aquí solos tú y yo, nueva entrada de blog.
Tanto tiempo siento que ha pasado desde la última vez que nos vimos. Como si los días se me hubiesen vuelto meses. Debo decir, que pese a nuestra separación he seguido pensando en ti. Desde que me fui, he escrito miles de cartas para ti, desde cosas cotidianas hasta historias producto de una imaginación activada por los estímulos del paisaje. Sin embargo, no creo que te las muestre, deberán quedar donde están, en mi agenda. Y no porque sean privadas que no puedas leerlas, sino por dos puntos principales: Inicialmente, y aunque me da pena de mi capacidad de esfuerzo, debo decirlo: es demasiado, tardaría horas en transcribirlo, o quizás sólo es una exageración; y segundo, tiene cierta magia tenerlo escrito de mi puño y letra en papel, con los errores y tachaduras, cambios de palabras propios del proceso de creación de cualquiera de mis textos, pero que aquí, cuando te los presento, no se notan, sólo se ve el final, el acabado.
De modo que si algún día me siento con el ánimo de transcribirlas, serán para ti.

Cabe mencionar que, como ya dije, no son privadas, por lo que cualquiera de mis lectores (?) si algún día se siente interesado o atraído por leerlas, será bienvenida su solicitud y la agenda llegará a sus manos. Aunque lo dudo, son pocos los que me escuchan además de ti.

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Creo que este tiempo lejos de muchas de mis distracciones, me sirvió para de vez en cuando, cuando el tiempo y la vida familiar lo permitían, abstraerme y pensar en muchas cosas, decantar pensamientos, ordenarlos y algunos depurarlos y clasificarlos. Algo necesario para mi, mi cabeza se había revuelto un poco los últimos días acá en Santiago producto de la inmensa cantidad de señales que tenía que responderle al mundo. No sólo mi cabeza se vio perturbada, había en mí un desequilibrio emocional, espiritual. Un caos.
Fueron, a pesar de todo, muy buenos esos últimos días que estuve acá. Descubrí cosas, reafirmé ideas, sentimientos, etc. que fueron materias primas para mis reflexiones. Entre ellas por ejemplo, una pequeña reflexión acerca de las relaciones humanas...

Este tiempo que pude tener a solas con mi mente, por así decirlo, me sirvieron bastante. Creo que estoy empezando a usar una nueva forma de pensar acerca de ciertas cosas, orientándome a la búsqueda del lado bueno de las cosas que uno a veces cree malas, tratando de rescatar el acto de paz en medio del conflicto, como buscar esas pequeñas cosas. (Aunque, como dice un marcador de libros que una vez una profe me dio:  
Las buenas experiencias nos dejan gratos recuerdos; las malas, buenas enseñanzas.-Anónimo. Siempre es bueno aprender de los errores, y como he dicho antes los considero un poco necesarios a veces en el camino, cuando nos desviamos del objetivo principal.

Toda esta corriente de pensar muchas cosas y analizarlas, me llevó a pensar dos días atrás en una analogía que consideré digna de exponer aquí, acerca de la vida y una taza de café:

¿Alguna vez haz visto una taza de café cuando le queda un conchito y puedes distinguir el fondo?
Bien, eso es mientras mantengas la taza a 90 grados con el suelo, algo así como en equilibrio, porque si la inclinas, como si fueras a beberlo, como se concentra el color, ya no puedes ver el fondo, está todo el café hacia un lado. Sucederá lo mismo hacia cualquier lado que inclines la taza. 

Pero veamos, si te fijas bien al principio la taza estaba quieta. ¿Estamos nosotros quietos con respecto a nuestra vida? Mantén la taza en la posición vertical con respecto al suelo y muévela en círculos como si intentaras mezclar lo que contiene. Si te fijas, aún con el café en movimiento, puedes ver el fondo y puede que hasta más claramente que con la taza inmóvil.


Ahora, piensa en el fondo de la taza como tus objetivos en la vida y tus decisiones durante ella ; la taza eres tú con respecto a tu vida, el cómo la controlas; y el café de encima son esas cosas que te impiden ver o elegir el camino correcto; la posición de la taza es el cómo equilibramos nuestra vida en su transcurso.
Entonces, a qué me refiero con esto:
- Inicialmente, a que si nos movemos por lo que queremos en la vida, podemos hacer a un lado los problemas y ver más claramente el objetivo al cual queremos llegar, más aún que si nos mantenemos como meros espectadores de lo que sucede, culpando a los demás por lo que nos pueda pasar. Por otro lado, si no consideramos en nuestro movimiento por la vida, un equilibrio (llámese equilibrio a una conexión coherente entre el pensar-decir-hacer, en lo emocional, en lo espiritual, en todo lo que nos conforma como la sustancia que somos, nuestra esencia) y nos inclinamos hacia algún lado del espectro, será más difícil poder ver qué es lo que realmente nos proponemos a hacer, nos bloqueamos el camino y avanzamos a tientas en la oscuridad, chocando con las cosas, tratando de cumplir metas que no son nuestros reales ideales. Y nos tardamos mucho tiempo en lograr ver el fondo. Y mientras más inclinado, menos veremos el fondo de la taza.

Interesante lo que se puede hacer con una taza de café en la mano, en un par de minutos sentada el sol...

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