Nuevamente aquí solos tú y yo, nueva entrada de blog.
Tanto tiempo siento que ha pasado desde la última vez que nos vimos. Como si los días se me hubiesen vuelto meses. Debo decir, que pese a nuestra separación he seguido pensando en ti. Desde que me fui, he escrito miles de cartas para ti, desde cosas cotidianas hasta historias producto de una imaginación activada por los estímulos del paisaje. Sin embargo, no creo que te las muestre, deberán quedar donde están, en mi agenda. Y no porque sean privadas que no puedas leerlas, sino por dos puntos principales: Inicialmente, y aunque me da pena de mi capacidad de esfuerzo, debo decirlo: es demasiado, tardaría horas en transcribirlo, o quizás sólo es una exageración; y segundo, tiene cierta magia tenerlo escrito de mi puño y letra en papel, con los errores y tachaduras, cambios de palabras propios del proceso de creación de cualquiera de mis textos, pero que aquí, cuando te los presento, no se notan, sólo se ve el final, el acabado.
De modo que si algún día me siento con el ánimo de transcribirlas, serán para ti.
Cabe mencionar que, como ya dije, no son privadas, por lo que cualquiera de mis lectores (?) si algún día se siente interesado o atraído por leerlas, será bienvenida su solicitud y la agenda llegará a sus manos. Aunque lo dudo, son pocos los que me escuchan además de ti.
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Creo que este tiempo lejos de muchas de mis distracciones, me sirvió para de vez en cuando, cuando el tiempo y la vida familiar lo permitían, abstraerme y pensar en muchas cosas, decantar pensamientos, ordenarlos y algunos depurarlos y clasificarlos. Algo necesario para mi, mi cabeza se había revuelto un poco los últimos días acá en Santiago producto de la inmensa cantidad de señales que tenía que responderle al mundo. No sólo mi cabeza se vio perturbada, había en mí un desequilibrio emocional, espiritual. Un caos.
Fueron, a pesar de todo, muy buenos esos últimos días que estuve acá. Descubrí cosas, reafirmé ideas, sentimientos, etc. que fueron materias primas para mis reflexiones. Entre ellas por ejemplo, una pequeña reflexión acerca de las relaciones humanas...
Este tiempo que pude tener a solas con mi mente, por así decirlo, me sirvieron bastante. Creo que estoy empezando a usar una nueva forma de pensar acerca de ciertas cosas, orientándome a la búsqueda del lado bueno de las cosas que uno a veces cree malas, tratando de rescatar el acto de paz en medio del conflicto, como buscar esas pequeñas cosas. (Aunque, como dice un marcador de libros que una vez una profe me dio:
Las buenas experiencias nos dejan gratos recuerdos; las malas, buenas enseñanzas.-Anónimo. Siempre es bueno aprender de los errores, y como he dicho antes los considero un poco necesarios a veces en el camino, cuando nos desviamos del objetivo principal.
Toda esta corriente de pensar muchas cosas y analizarlas, me llevó a pensar dos días atrás en una analogía que consideré digna de exponer aquí, acerca de la vida y una taza de café:
¿Alguna vez haz visto una taza de café cuando le queda un conchito y puedes distinguir el fondo?
Bien, eso es mientras mantengas la taza a 90 grados con el suelo, algo así como en equilibrio, porque si la inclinas, como si fueras a beberlo, como se concentra el color, ya no puedes ver el fondo, está todo el café hacia un lado. Sucederá lo mismo hacia cualquier lado que inclines la taza.
Pero veamos, si te fijas bien al principio la taza estaba quieta. ¿Estamos nosotros quietos con respecto a nuestra vida? Mantén la taza en la posición vertical con respecto al suelo y muévela en círculos como si intentaras mezclar lo que contiene. Si te fijas, aún con el café en movimiento, puedes ver el fondo y puede que hasta más claramente que con la taza inmóvil.
Ahora, piensa en el fondo de la taza como tus objetivos en la vida y tus decisiones durante ella ; la taza eres tú con respecto a tu vida, el cómo la controlas; y el café de encima son esas cosas que te impiden ver o elegir el camino correcto; la posición de la taza es el cómo equilibramos nuestra vida en su transcurso.
Entonces, a qué me refiero con esto:
- Inicialmente, a que si nos movemos por lo que queremos en la vida, podemos hacer a un lado los problemas y ver más claramente el objetivo al cual queremos llegar, más aún que si nos mantenemos como meros espectadores de lo que sucede, culpando a los demás por lo que nos pueda pasar. Por otro lado, si no consideramos en nuestro movimiento por la vida, un equilibrio (llámese equilibrio a una conexión coherente entre el pensar-decir-hacer, en lo emocional, en lo espiritual, en todo lo que nos conforma como la sustancia que somos, nuestra esencia) y nos inclinamos hacia algún lado del espectro, será más difícil poder ver qué es lo que realmente nos proponemos a hacer, nos bloqueamos el camino y avanzamos a tientas en la oscuridad, chocando con las cosas, tratando de cumplir metas que no son nuestros reales ideales. Y nos tardamos mucho tiempo en lograr ver el fondo. Y mientras más inclinado, menos veremos el fondo de la taza.
Interesante lo que se puede hacer con una taza de café en la mano, en un par de minutos sentada el sol...
sábado, 30 de julio de 2011
martes, 12 de julio de 2011
No me digas adiós
En cuanto supiste que me marchaba de la ciudad, tus ojos se nublaron, como si de pronto en tu calma habitual hubiese retumbado un trueno que anunciaba lluvias, de esas con tempestad.
- ¿Por qué esta repentina decisión de salirte de nuestras vidas? – me preguntaste, con un atropello inentendible de emociones.
- ¿Cuáles vidas? – te pregunté, impactada por lo que salía de tus labios – no hay más que dos personas aquí, una independiente de la otra, nunca he estado EN “nuestras vidas”.
- ¿Cuáles vidas? – te pregunté, impactada por lo que salía de tus labios – no hay más que dos personas aquí, una independiente de la otra, nunca he estado EN “nuestras vidas”.
Tu rostro tomó una nueva configuración y me dijiste:
- Por lo menos dime, qué te queda de mi vida en la tuya. Qué te llevas de mí.
- Nada – pensé. Sin embargo por unos segundos nada salió de mi boca.
Pero… ¿Cómo nada? Algo de ti he de llevarme como de cada persona que por mi vida ha pasado, por cada persona que he conocido y con la cual he compartido. Comencé a pensar, temiendo no poder encontrar algo que le diera sentido al haberte conocido. Finalmente dije:
- Tus sonrisas, que atesoraré por siempre; tu manera aunque a veces boba de hacerme reír; esos momentos en que podíamos estar haciendo nada y a la vez todo, eran geniales junto a ti; esa hermosa amistad que forjamos juntos durante todos estos años.
Terminada mi frase, no mencionaste nada; pese a eso, sentí lo que querías decir, lo que sentías y no era eso lo que querías oír. Pude haber hablado, pero hubiese sido peor. Me marché en silencio tras un desabrido adiós.
Creí que rompería a llorar cuando me tomaste el brazo desde atrás y me preguntaste si me llevarías al tren, no podía decirte que no, el nudo en mi garganta me obligó a callar y simplemente asentir con la cabeza. Nunca me han gustado las despedidas y esta en especial era la más difícil.
Nos mantuvimos en silencio la hora y media de camino hasta la estación…
Eso es lo que recuerdo de esa lluviosa tarde en que me viste partir, tras un empañado cristal que limpiaba con mi guante para poder verte diciéndome adiós. Como si verte con el corazón en la mano por mi silencio no hubiese roto el mío hace ya rato.
Desde entonces, de vez en cuando, hay días en que me pregunto en la soledad de mis pensamientos: ¿Por qué callé ese te amo?
Desde entonces, de vez en cuando, hay días en que me pregunto en la soledad de mis pensamientos: ¿Por qué callé ese te amo?
Esa estación entre otoño y verano
Y como si una brisa calida de verano acariciara mi mejilla, siento el susurro de tu presencia, de tu respiración sobre mi cuello. Podría decirte tantas cosas acerca de ese frío deleite que me recorre la espalda cuando te acercas; sin embargo, ambos sabemos que la mejor palabra en estos casos es la silenciosa, la que no se dice, la que se siente. Como si tú pensaras lo que yo. Como si sintieras lo que yo, cuando en un momento nuestras respiraciones van al mismo compás, como dirigidas por un ansioso director, que de pronto acelera la marcha de la melodía. No hay nada mas especial que sentir ese latido en tu pecho tan fuerte como si fuera el mío, con mi cabeza reclinada sobre ti mientras tus dedos curiosos juguetean con mi cabello.
Hermosa escena.
Lo triste es que ambos sabemos que no se repetirá...
domingo, 10 de julio de 2011
Cables a tierra v/s plomos
De vez en cuando es bueno que a uno lo tomen de un tobillo y le digan: hey! acá abajo, te habla tu vida; te estás yendo muy lejos, baja un momento y vuelve a caminar conmigo.
Es necesario un cable a tierra, sobretodo cuando las divagaciones nos encierran, las reflexiones se hacen eternas y los pensamientos nos hacen sus esclavos. Es como si nos fueran de a poco llenando con helio y nos fuéramos elevando, separándonos de a poco de la vida real y olvidando cosas que son importantes en ella, pero que desde la altura de tu levitar no puedes manejar.
Generalmente cuando es tu propio yo quien te baja, te baja con suavidad, porque es consiente de todo aquello que está en tu mente y tiene presente que necesitas cerrar ese ciclo para reanudar las cosas pendientes en el mundo compartido con los demás en el que vives. Sin embargo, no siempre es tu yo el que te toca y te habla con calma, sino que es un otro que parece que te amarrara un grillete con una inmensa bola de la hierro a cada pie para que bajes de una vez y te incorpores a lo que debes cumplir en la gran célula de la que formas parte. No es para nada agradable, las ideas se interrumpen, las palabras antes ordenadas en tu mente como párrafos, parecieran ahora caer en cascada precipitadamente formando una cortina entre tu mente y tu boca. Lo peor de todo es que acabas haciendo todo mal: no terminas bien lo que hacías y que terminó elevándote, ni lo que ahora te vez precipitadamente a aceptar, procesar y ejecutar.
Necesitamos más dulces despertares. No nos bajen de la nube, ya sabremos nosotros cuando hacerlo.
Es necesario un cable a tierra, sobretodo cuando las divagaciones nos encierran, las reflexiones se hacen eternas y los pensamientos nos hacen sus esclavos. Es como si nos fueran de a poco llenando con helio y nos fuéramos elevando, separándonos de a poco de la vida real y olvidando cosas que son importantes en ella, pero que desde la altura de tu levitar no puedes manejar.
Generalmente cuando es tu propio yo quien te baja, te baja con suavidad, porque es consiente de todo aquello que está en tu mente y tiene presente que necesitas cerrar ese ciclo para reanudar las cosas pendientes en el mundo compartido con los demás en el que vives. Sin embargo, no siempre es tu yo el que te toca y te habla con calma, sino que es un otro que parece que te amarrara un grillete con una inmensa bola de la hierro a cada pie para que bajes de una vez y te incorpores a lo que debes cumplir en la gran célula de la que formas parte. No es para nada agradable, las ideas se interrumpen, las palabras antes ordenadas en tu mente como párrafos, parecieran ahora caer en cascada precipitadamente formando una cortina entre tu mente y tu boca. Lo peor de todo es que acabas haciendo todo mal: no terminas bien lo que hacías y que terminó elevándote, ni lo que ahora te vez precipitadamente a aceptar, procesar y ejecutar.
Necesitamos más dulces despertares. No nos bajen de la nube, ya sabremos nosotros cuando hacerlo.
viernes, 8 de julio de 2011
A través de la Avenida
Y mientras las hojas eran dejadas suavemente en el suelo por la brisa, nada turbaba el fresco aire más que tu mirada penetrante atravesándome como si fuese un fantasma, desde la otra esquina.
Pocos fueron los segundos a mi favor, nada más que el tiempo de cambio de la luz del semáforo. Distinguí bajo un leve parpadeo de colores intermitentes cómo tus ojos, fijos en mi, me apuntaban, como si querían hablarme. ¿Qué querrán decir? - me preguntaba mientras la masa de gente me empujaba hacia la esquina contraria, bajo una luz de resplandor verde en una fría noche santiaguina.
Desde entonces cada día paso por ese lugar, esperando a que vuelvas a aparecer con tus ojos cafés, mirándome intensamente, pero tal vez, esta vez, hablándome.
-. Memorias de tu paso por mi vida.
Pocos fueron los segundos a mi favor, nada más que el tiempo de cambio de la luz del semáforo. Distinguí bajo un leve parpadeo de colores intermitentes cómo tus ojos, fijos en mi, me apuntaban, como si querían hablarme. ¿Qué querrán decir? - me preguntaba mientras la masa de gente me empujaba hacia la esquina contraria, bajo una luz de resplandor verde en una fría noche santiaguina.
Desde entonces cada día paso por ese lugar, esperando a que vuelvas a aparecer con tus ojos cafés, mirándome intensamente, pero tal vez, esta vez, hablándome.
-. Memorias de tu paso por mi vida.
jueves, 7 de julio de 2011
Calma, que el mañana no es ahora
Pareciera que es cierto eso que dicen acerca de que al final de la tormenta vuelve a salir el sol y pareciera que sus rayos, cálidos, doraran la superficie de la Tierra con más fuerza que como lo hacían antes.
Hoy, el día me ha acompañado en mi cambio de humor de una manera maravillosa, potenció el cambio de switch desde una melancólica tarde en el día de ayer a un espléndido día que respiraba vida y energía.
Es increíble como cosas tan simples como hablar de tus pensamientos con alguien o escuchar determinada melodía, te ayuden tanto para un cambio interior, para ordenar un poco la tormenta, pacificarte y darte cuenta, desde la mirada de un personaje externo, cómo tus dilemas son tan simples de solucionar, cuando a ti te han costado días de reflexión. Ese es uno de los problemas de quienes intentamos buscarle la mejor salida a las cosas y miramos desde tantas partes cómo afecta una decisión que podría ser simple. Cuesta trabajo liberarse de ese peso, pero siempre hay personas dispuestas a alivianarte un poco la carga, o por lo menos yo las he encontrado cuando las he necesitado. (Gracias a todos ellos.)
Me hacían falta algunas cosas, algo me dijera, que me indicara que esta si era mi vida. Esas cosas que me gustan, que son parte de mí, como un poco de ejercicio para liberar energías, o un orden de la habitación, que inevitablemente influyen en mi. El orden lleva al orden, y eso era lo que necesitaba: orden interior.
Puedo decir que ahora me siento de nuevo yo, quizás con algún detalle distinto por ahí... pero esos son los detalles que me permiten decir:
Sí, he vivido, he aprendido algo nuevo y soy prueba viviente de ello.
Hoy, el día me ha acompañado en mi cambio de humor de una manera maravillosa, potenció el cambio de switch desde una melancólica tarde en el día de ayer a un espléndido día que respiraba vida y energía.
Es increíble como cosas tan simples como hablar de tus pensamientos con alguien o escuchar determinada melodía, te ayuden tanto para un cambio interior, para ordenar un poco la tormenta, pacificarte y darte cuenta, desde la mirada de un personaje externo, cómo tus dilemas son tan simples de solucionar, cuando a ti te han costado días de reflexión. Ese es uno de los problemas de quienes intentamos buscarle la mejor salida a las cosas y miramos desde tantas partes cómo afecta una decisión que podría ser simple. Cuesta trabajo liberarse de ese peso, pero siempre hay personas dispuestas a alivianarte un poco la carga, o por lo menos yo las he encontrado cuando las he necesitado. (Gracias a todos ellos.)
Me hacían falta algunas cosas, algo me dijera, que me indicara que esta si era mi vida. Esas cosas que me gustan, que son parte de mí, como un poco de ejercicio para liberar energías, o un orden de la habitación, que inevitablemente influyen en mi. El orden lleva al orden, y eso era lo que necesitaba: orden interior.
Puedo decir que ahora me siento de nuevo yo, quizás con algún detalle distinto por ahí... pero esos son los detalles que me permiten decir:
Sí, he vivido, he aprendido algo nuevo y soy prueba viviente de ello.
Desde la vereda de en frente
Tantas veces de cuestionar mi actuar fueron las que me llevaron a ser quien soy ahora. Una triste persona, llena de sueños frustrados, de ideas sin realizar, de pasos no dados, de cambios no hechos, de personas no valoradas como deberían haberlo sido. Es triste pensar que existe una vida paralela, un espejo de mi mismo, pero que vive en torno a todas esas decisiones que yo no tomé. Pero me surge una gran duda,
¿Quién es más feliz, yo o el otro yo al otro lado de esta delgada línea que divide nuestra vida?
No hay como saberlo.
Así que desde hoy, viviré mi vida pensando no en lo que hice o dejé de hacer, sino en lo que haré y más aún en lo que estoy haciendo. No tengo seguro que eso es lo que me hará realmente feliz, pero podré creer, al menos en ese momento, que este yo es el que tomó el camino correcto.
.- Ese a quien escuchas cuando el paisaje es invernal.
¿Quién es más feliz, yo o el otro yo al otro lado de esta delgada línea que divide nuestra vida?
No hay como saberlo.
Así que desde hoy, viviré mi vida pensando no en lo que hice o dejé de hacer, sino en lo que haré y más aún en lo que estoy haciendo. No tengo seguro que eso es lo que me hará realmente feliz, pero podré creer, al menos en ese momento, que este yo es el que tomó el camino correcto.
.- Ese a quien escuchas cuando el paisaje es invernal.
domingo, 3 de julio de 2011
Esas cosas que un día llegan sin anunciarse
Cuesta creerlo, no? Cómo las olas en su vaivén infinito y a la vez ajeno a su dominio, arrastran a la orilla esas botellas con escritos que quisieron ser olvidados en la inmensidad del océano o encontrados por un lector anónimo que inconexo con el contexto de su contenido, interpreta desde su interioridad las palabras garabateadas en ese trozo de papel. Increíblemente este hecho se asemeja bastante con la forma en que conocemos a las personas en nuestra vida, de alguna manera que jamás de volverá a repetir, pero de todos modos muy diferente de una simple coincidencia. Fue así como llegó tu botella a mi...
...Paseando por la orilla de este inmenso mar al que llamamos universo, iba por un estrecho camino que llamo vida, pisando la arena, dejando una leve huella con mis pies en la arena que a veces se borra con el agua y otras veces se queda ahí inalterada. En ese andar estaba cuando de pronto una ola más fuerte que el resto hizo pasar frente a mi un objeto, que atiné inexplicablemente a tomar antes de que la precipitada corriente la llevara de nuevo hacia esa inmensidad. Antes de tocarla, no sabía bien qué era, la rapidez con que el mar la expulsó hacia fuera de la gran masa no me había permitido distinguir qué era; sin embargo algo dentro de mi me impulsó a levantarla. Al tenerla en mis manos, la escudriñé con la mirada: una botella - pensé al fin. Pero no era sólo eso, tenía algo en su interior, y había que saber que era, era demasiada la curiosidad que despertaba en mi para dejarla cerrada; pese a eso, la mantuve tal como estaba, con el corcho puesto, y seguí mi camino sin dejar de analizarla por fuera, intentando interpretar de dónde venía, qué hacía allí, por qué estaba allí. Luego, pensé: debo conocer a fondo la botella por fuera, lo que desea mostrar, antes de abrirla y dejar que su interior llegara a mi. Seguí caminando en mi paseo infinito.
Después de un tiempo, sentí que la botella estaba tibia, más tibia que el aire, y eso que la llevaba sujeta levemente del cuello como en un vaivén. Supuse que podía abrirla, me senté sobre la arena, saqué con cuidado el corcho para que no se dañara y lo primero que sentí desde su interior fue un aroma que nunca había sentido, era un aroma propio de esa botella, era único. Mire hacia adentro de la botella y pude ver el papel que contenía en un fondo distorsionado de lo que era el exterior, a causa de mirar a través del vidrio, pensé que así era como la botella veía mi mundo, ¿Era acaso el fondo de la botella su propio mundo? Imposible saberlo, no podemos entrar a la botella de otro, sólo podemos ver desde fuera. Tomé este recipiente boca abajo para ver si podía sacar el papel. Primer intento, no cayó. Segundo intento, no cayó. Algo estaba haciendo mal, así que me detuve y mire hacia el horizonte con la botella boca abajo en mi mano. De pronto el trozo de papel cayó solo. Apenas rozó la arena, lo recogí, no podía dejar que algo tan interesante y preciado fuera a estropearse. Lo sostuve entre mis dedos, palpando su textura, sus bordes, temiendo en el fondo de mi acerca de lo que podía contener escrito. Tras unos segundos, la curiosidad me embargó y lo abrí, para mi sorpresa el papel se encontraba en blanco. No supe que hacer, así que me quedé con él en la mano, mientras dejaba sobre el suelo la botella vacía y dejaba el corcho sobrepuesto. Miraba mis manos y pensaba: la botella aún no confía lo suficiente en mi para poder leer lo que hay en su interior, debo esperar. Pasado tiempo, quién sabe cuanto empezaron a dibujarse unas pequeñas letras en el papel antes desprovisto de tinta. Al leerlo por un momento sentí como mi pulso bajaba y mi respiración se suavizaba. Me dio paz, me sentí muy tranquila, mis mejillas estaban humedecidas por un algo salado y muy cálido que no era agua de mar. Pude respirar profundamente y decir: Gracias.
Las palabras que en ese papel aparecían eran estas:
"No sé realmente quien seas, sólo sé que nuestros caminos se han encontrado de algún modo en esta vida. Puede que nunca nos lleguemos a conocer totalmente, es lo más probable, pero ahora ya conoces parte de mi, de mi interior y yo conozco parte de ti. Nuestras vidas de ahora en adelante serán distintas, tenemos una parte de nosotros en el otro, compartimos algo, eso que podrías llamar amistad, cariño de amigos. No te pediré que no me decepciones, porque sé que los humanos no somos perfectos y podemos errar, yo también lo soy, pero trataré de ser una mejor persona. No te pediré que confíes en mi, pero debes saber que yo ya confío en ti, me haz tenido entre tus manos y haz sabido esperar, eso siempre se recompensa. Podría pensarse que es descabellado confiar en un desconocido, pero tú no lo eres para mi, aunque sea en la más mínima parte y sólo por esa ínfima diferencia, puedo decirte que eres parte de mi vida, de mi camino al otro lado de esta botella. Con el tiempo podrás conocer este mundo a través de los vidrios, pero cada vez más claramente, quizás con un poco de mi forma de verlo. Así haré yo también con el tuyo. Por ahora sólo me resta decirte que tenemos el resto de la vida para conocernos. Se despide, ______________.
PD: Ese espacio vacío es donde debes poner tu nombre cuando le entregues a alguien tu amistad.
...Paseando por la orilla de este inmenso mar al que llamamos universo, iba por un estrecho camino que llamo vida, pisando la arena, dejando una leve huella con mis pies en la arena que a veces se borra con el agua y otras veces se queda ahí inalterada. En ese andar estaba cuando de pronto una ola más fuerte que el resto hizo pasar frente a mi un objeto, que atiné inexplicablemente a tomar antes de que la precipitada corriente la llevara de nuevo hacia esa inmensidad. Antes de tocarla, no sabía bien qué era, la rapidez con que el mar la expulsó hacia fuera de la gran masa no me había permitido distinguir qué era; sin embargo algo dentro de mi me impulsó a levantarla. Al tenerla en mis manos, la escudriñé con la mirada: una botella - pensé al fin. Pero no era sólo eso, tenía algo en su interior, y había que saber que era, era demasiada la curiosidad que despertaba en mi para dejarla cerrada; pese a eso, la mantuve tal como estaba, con el corcho puesto, y seguí mi camino sin dejar de analizarla por fuera, intentando interpretar de dónde venía, qué hacía allí, por qué estaba allí. Luego, pensé: debo conocer a fondo la botella por fuera, lo que desea mostrar, antes de abrirla y dejar que su interior llegara a mi. Seguí caminando en mi paseo infinito.
Después de un tiempo, sentí que la botella estaba tibia, más tibia que el aire, y eso que la llevaba sujeta levemente del cuello como en un vaivén. Supuse que podía abrirla, me senté sobre la arena, saqué con cuidado el corcho para que no se dañara y lo primero que sentí desde su interior fue un aroma que nunca había sentido, era un aroma propio de esa botella, era único. Mire hacia adentro de la botella y pude ver el papel que contenía en un fondo distorsionado de lo que era el exterior, a causa de mirar a través del vidrio, pensé que así era como la botella veía mi mundo, ¿Era acaso el fondo de la botella su propio mundo? Imposible saberlo, no podemos entrar a la botella de otro, sólo podemos ver desde fuera. Tomé este recipiente boca abajo para ver si podía sacar el papel. Primer intento, no cayó. Segundo intento, no cayó. Algo estaba haciendo mal, así que me detuve y mire hacia el horizonte con la botella boca abajo en mi mano. De pronto el trozo de papel cayó solo. Apenas rozó la arena, lo recogí, no podía dejar que algo tan interesante y preciado fuera a estropearse. Lo sostuve entre mis dedos, palpando su textura, sus bordes, temiendo en el fondo de mi acerca de lo que podía contener escrito. Tras unos segundos, la curiosidad me embargó y lo abrí, para mi sorpresa el papel se encontraba en blanco. No supe que hacer, así que me quedé con él en la mano, mientras dejaba sobre el suelo la botella vacía y dejaba el corcho sobrepuesto. Miraba mis manos y pensaba: la botella aún no confía lo suficiente en mi para poder leer lo que hay en su interior, debo esperar. Pasado tiempo, quién sabe cuanto empezaron a dibujarse unas pequeñas letras en el papel antes desprovisto de tinta. Al leerlo por un momento sentí como mi pulso bajaba y mi respiración se suavizaba. Me dio paz, me sentí muy tranquila, mis mejillas estaban humedecidas por un algo salado y muy cálido que no era agua de mar. Pude respirar profundamente y decir: Gracias.
Las palabras que en ese papel aparecían eran estas:
"No sé realmente quien seas, sólo sé que nuestros caminos se han encontrado de algún modo en esta vida. Puede que nunca nos lleguemos a conocer totalmente, es lo más probable, pero ahora ya conoces parte de mi, de mi interior y yo conozco parte de ti. Nuestras vidas de ahora en adelante serán distintas, tenemos una parte de nosotros en el otro, compartimos algo, eso que podrías llamar amistad, cariño de amigos. No te pediré que no me decepciones, porque sé que los humanos no somos perfectos y podemos errar, yo también lo soy, pero trataré de ser una mejor persona. No te pediré que confíes en mi, pero debes saber que yo ya confío en ti, me haz tenido entre tus manos y haz sabido esperar, eso siempre se recompensa. Podría pensarse que es descabellado confiar en un desconocido, pero tú no lo eres para mi, aunque sea en la más mínima parte y sólo por esa ínfima diferencia, puedo decirte que eres parte de mi vida, de mi camino al otro lado de esta botella. Con el tiempo podrás conocer este mundo a través de los vidrios, pero cada vez más claramente, quizás con un poco de mi forma de verlo. Así haré yo también con el tuyo. Por ahora sólo me resta decirte que tenemos el resto de la vida para conocernos. Se despide, ______________.
PD: Ese espacio vacío es donde debes poner tu nombre cuando le entregues a alguien tu amistad.
Encuentros ¿casuales?
Y cuando menos me lo esperaba apareciste ahí. Venías caminando a paso firme, preso de tus pensamientos, con la mirada un poco dura y el ceño fruncido, como si tus ideas tuviesen un acalorado debate en tu interior y escucharas atentamente lo que decían. Cuando pasaste a mi lado casi ni notaste mi presencia, de no ser porque sentiste mi mirada sobre ti, habrías seguido tu camino en rumbo a tu destino que coincidentemente era también el mio ese día. Al momento de tocar tu hombro, alzaste la mirada y pude notar como al darte cuenta de que era yo a quien mirabas, tu rostro de apariencia tosca y lejana se redibujaba en suaves lineas que esbozaban una leve sonrisa. Qué hermoso regalo para una persona como yo en una mañana tan gris entre esas paredes heladas que la conforman la Facultad. A pesar de tu frialdad típica de una perezosa mañana aún esclava de Morfeo, pude sentir ese aire cálido que manaba de ese gesto tan simple y sobrio.
No recuerdo cual fue el intercambio de palabras desde ese momento, lo único que mi mente alberga es el pensamiento que rondaba mi cabeza mientras las palabras revoloteaban de un lado al otro: por qué si es hoy no puede ser siempre. Y me llené la cabeza de bobas teorías acerca del porqué de las cosas, del porqué de esa situación, de ese día; el porqué de haberte conocido, así como he conocido a tantos otros parecidos a ti, pero que no tenían el poder de alegrarme la mañana con su sonrisa.
No recuerdo cual fue el intercambio de palabras desde ese momento, lo único que mi mente alberga es el pensamiento que rondaba mi cabeza mientras las palabras revoloteaban de un lado al otro: por qué si es hoy no puede ser siempre. Y me llené la cabeza de bobas teorías acerca del porqué de las cosas, del porqué de esa situación, de ese día; el porqué de haberte conocido, así como he conocido a tantos otros parecidos a ti, pero que no tenían el poder de alegrarme la mañana con su sonrisa.
sábado, 2 de julio de 2011
Nuestras vidas, sueños compartidos son
Sentí tu felicidad... Se notaba en tus ojos y en tu sonrisa que había paz al fin. Te movías como si fueras al compás de la brisa. Era como sentir un latido a cada movimiento tuyo en aquel paisaje.
No pude evitar sentirme feliz por aquella preciosa escena que representaba en su más pura forma a la niñez que uno cree perder, esa parte de ti acaramelada y tan parecida al aroma de un chocolate caliente...
Parecía que las horas fuesen para ti, y el momento y el lugar fuesen eterno y preciso a la vez. Parecía que nada te faltaba, todo era y no podía ser más perfecto. Quizás fue porque te recordó tus viejos sueños de la infancia, esas emociones inquebrantables, ilusiones que sentiste que, aunque ajenas, eran similares a las tuyas. Te identificaste con el momento, con todo lo que allí pasaba y acompasaste tu ritmo interior a eso. Sentiste parte de tu vida en la vida del otro, y creíste que se parecía a ti.
Y mientras, yo pasivamente te observaba, en silencio, como se observa a una mariposa revolotear cerca de una flor: atrayente cuadro con una pequeña magia que inexplicablemente irradian el actor y su escenario en ese momento.
...Tantas cosas pasaron por mi mente. Tantas cosas que de seguro no entenderías. Son bobas, lo sé, pero en algún punto para mi son importantes.
Cosas como esta son las que le dan sentido a todo, después de verte en tu parte casi más básica como humano, como un niño, transparente, sonriéndole a las cosas simples que la vida te da, pero que son valiosas para ti (y para mi) desde tu mente que solo busca un lugar para sentirse en casa y descansar.
No pude evitar sentirme feliz por aquella preciosa escena que representaba en su más pura forma a la niñez que uno cree perder, esa parte de ti acaramelada y tan parecida al aroma de un chocolate caliente...
Parecía que las horas fuesen para ti, y el momento y el lugar fuesen eterno y preciso a la vez. Parecía que nada te faltaba, todo era y no podía ser más perfecto. Quizás fue porque te recordó tus viejos sueños de la infancia, esas emociones inquebrantables, ilusiones que sentiste que, aunque ajenas, eran similares a las tuyas. Te identificaste con el momento, con todo lo que allí pasaba y acompasaste tu ritmo interior a eso. Sentiste parte de tu vida en la vida del otro, y creíste que se parecía a ti.
Y mientras, yo pasivamente te observaba, en silencio, como se observa a una mariposa revolotear cerca de una flor: atrayente cuadro con una pequeña magia que inexplicablemente irradian el actor y su escenario en ese momento.
...Tantas cosas pasaron por mi mente. Tantas cosas que de seguro no entenderías. Son bobas, lo sé, pero en algún punto para mi son importantes.
Cosas como esta son las que le dan sentido a todo, después de verte en tu parte casi más básica como humano, como un niño, transparente, sonriéndole a las cosas simples que la vida te da, pero que son valiosas para ti (y para mi) desde tu mente que solo busca un lugar para sentirse en casa y descansar.
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