martes, 12 de julio de 2011

No me digas adiós

En cuanto supiste que me marchaba de la ciudad, tus ojos se nublaron, como si de pronto en tu calma habitual hubiese retumbado un trueno que anunciaba lluvias, de esas con tempestad.
- ¿Por qué esta repentina decisión de salirte de nuestras vidas? – me preguntaste, con un atropello inentendible de emociones.
- ¿Cuáles vidas? –  te pregunté, impactada por lo que salía de tus labios – no hay más que dos personas aquí, una independiente de la otra, nunca he estado EN “nuestras vidas”.
Tu rostro tomó una nueva configuración y me dijiste:

- Por lo menos dime, qué te queda de mi vida en la tuya. Qué te llevas de mí.
- Nada – pensé. Sin embargo por unos segundos nada salió de mi boca.

Pero… ¿Cómo nada? Algo de ti he de llevarme como de cada persona que por mi vida ha pasado, por cada persona que he conocido y con la cual he compartido. Comencé a pensar, temiendo no poder encontrar algo que le diera sentido al haberte conocido. Finalmente dije:

- Tus sonrisas, que atesoraré por siempre; tu manera aunque a veces boba de hacerme reír; esos momentos en que podíamos estar haciendo nada y a la vez todo, eran geniales junto a ti; esa hermosa amistad que forjamos juntos durante todos estos años.

Terminada mi frase, no mencionaste nada; pese a eso, sentí lo que querías decir, lo que sentías y no era eso lo que querías oír. Pude haber hablado, pero hubiese sido peor. Me marché en silencio tras un desabrido adiós.
Creí que rompería a llorar cuando me tomaste el brazo desde atrás y me preguntaste si me llevarías al tren, no podía decirte que no, el nudo en mi garganta me obligó a callar y simplemente asentir con la cabeza. Nunca me han gustado las despedidas y esta en especial era la más difícil.
Nos mantuvimos en silencio la hora y media de camino hasta la estación…

Eso es lo que recuerdo de esa lluviosa tarde en que me viste partir, tras un empañado cristal que limpiaba con mi guante para poder verte diciéndome adiós. Como si verte con el corazón en la mano por mi silencio no hubiese roto el mío hace ya rato.
Desde entonces, de vez en cuando, hay días en que me pregunto en la soledad de mis pensamientos: ¿Por qué callé ese te amo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario