sábado, 2 de julio de 2011

Nuestras vidas, sueños compartidos son

Sentí tu felicidad... Se notaba en tus ojos y en tu sonrisa que había paz al fin. Te movías como si fueras al compás de la brisa. Era como sentir un latido a cada movimiento tuyo en aquel paisaje.
No pude evitar sentirme feliz por aquella preciosa escena que representaba en su más pura forma a la niñez que uno cree perder, esa parte de ti acaramelada y tan parecida al aroma de un chocolate caliente...
Parecía que las horas fuesen para ti, y el momento y el lugar fuesen eterno y preciso a la vez. Parecía que nada te faltaba, todo era y no podía ser más perfecto. Quizás fue porque te recordó tus viejos sueños de la infancia, esas emociones inquebrantables, ilusiones que sentiste que, aunque ajenas, eran similares a las tuyas. Te identificaste con el momento, con todo lo que allí pasaba y acompasaste tu ritmo interior a eso. Sentiste parte de tu vida en la vida del otro, y creíste que se parecía a ti.
Y mientras, yo pasivamente te observaba, en silencio, como se observa  a una mariposa revolotear cerca de una flor: atrayente cuadro con una pequeña magia que inexplicablemente irradian el actor y su escenario en ese momento.
...Tantas cosas pasaron por mi mente. Tantas cosas que de seguro no entenderías. Son bobas, lo sé, pero en algún punto para mi son importantes.
 Cosas como esta son las que le dan sentido a todo, después de verte en tu parte casi más básica como humano, como un niño, transparente, sonriéndole a las cosas simples que la vida te da, pero que son valiosas para ti (y para mi) desde tu mente que solo busca un lugar para sentirse en casa y descansar.

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