Hoy parecía ser un día sin nada prometedor...
El mismo horario de siempre.
Las mismas clases de siempre.
Lo mismo que cada Lunes, desde el 14 de marzo. Sólo una cosa era distinta hoy, había algo más por hacer, llegar temprano para entregar un informe.
Nada relevante en cuanto a lo que el resto del día deparaba.
Luego de las clases de rutina de la mañana, al fin la ventana, esa larga ventana de 4 horas. A veces querida, y otras veces odiada. Por razones del deber en ese momento, me encontraba en la Facultad. Tuve que esperar. Un libro de poesía fue buena compañía. De repente, sin que me hubiera percatado de que sucedería, aparece un personaje frente a mi, que debía estar allí también, sin embargo, no lo sabía de antemano, o más bien no lo había pensado, era algo implícito en las razones que ahí me llevaron. Luego de saludarlo le hablé de los libros que había encontrado el fin de semana y que cuando los leí, tuve la sensación de que le gustarían.
Intercambio de libros.
Trámites dolorosos en los brazos.
¿Y ahora qué?
A partir en busca de lo que la otra vez habíamos buscado, sin obtener resultados, pero a la vez con un resultado maravilloso, motivo, por cierto, de una de las entradas anteriores.
Llegamos finalmente al lugar buscado, una dirección por allí cerca donde se hacían clases de Yoga.
Interesante.
Luego de las consultas, surgió la oportunidad: una clase express de prueba. Ahí, hoy, en un par de minutos, tal como estábamos.
Mi interlocutor me preguntó si me interesaba. En ese momento pasó por mi cabeza el siguiente pensamiento: Why not? .
Existen pocas sensaciones similares a la de tomar una decisión en el mismo segundo. Esa espontaneidad y la espectativa frente a los resultados del nuevo rumbo, son cosas necesarias en esta vida.
No todo debe ser planeado siempre.
Finalmente fue una excelente experiencia la famosa clasecita (:
El ambiente durante fue muy agradable y a pesar de mi poca experiencia en esta disciplina (esta fue mi primera clase de yoga) y mi deficiente desempeño en algunas posturas producto de mi sedentarismo y de un brazo adolorido por una vacuna, fue una sensación que creo ahora, era necesaria.
Me ayudó bastante la relajación, esa paz que a veces uno busca y no se da cuenta de que uno mismo, en cualquier momento puede crearse para si. Esa armonía y tranquilidad fue lo que sentí hoy.
Al terminar, y luego de los agradecimientos y las despedidas de la amable y especial chica que imparía las clases, pude sentir las consecuencias aún más fuertemente. El dolor de piernas, sí, es verdad, pero en ese momento
no existía ser en la Tierra que me bajara de mi nube.
¡Fantástico!.
Debo decir que el resto de la tarde, quizás por esa sensación en mi, por todo, o quizás por otra cosa, fue genial. Todo me parecía una buena oportunidad. Sentía mi ser lleno de energía. A decir verdad, fue una sensación parecida a los síntomas del sentir amor, en cierta parte. Quizás no. Weas locas... Lo cierto es que todo me parecía agradable. Y, ¿Sabes? Es genial sentirse así. Definitivamente, una situación para repetir en algún momento de la vida.
Así como también el tomar un desición ahí, en ese momento, dejando que te guíe tu instinto, tu sentido común, o ninguno de los anteriores. Pero decidir por tu voluntad hacerlo. Querer hacerlo. Puede que por ti, puede que por el otro, puede que por ambos.
Lector (supongo que algún día leerás esta entrada xD), espero que hayas disfrutado nuestra super clase de prueba de yoga personalizada.
Además, muchas gracias por el libro c:
Carpe diem como dijo hoy, alguien por ahí c:
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