jueves, 26 de mayo de 2011

Reflexión y catarsis de un algo sin nombre

Otra vez aquí.
Qué delicia escribir nuevamente.
Hace tiempo que no lo hacía, 1 semana ahora parece mucho para dejar pasar entre una y otra entrada.

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Esta semana ha sido corta, pero intensa. Han pasado muchas cosas. No demasiadas, pero sí muchas.
La verdad es que creo que esto, el cambio, el hecho de que esta semana haya sido distinta, me ha tenido así estos últimos dos días. ¿Así como? Con un ánimo extraño, de feliz a algo un poco sombrío. Probablemente sea culpa del sueño, que tendré que devolver el fin de semana en cuotas; tal vez la presión; quizás estoy un poco cansada por el ritmo que he llevado; tal vez hay más en la vida que lo meramente concreto que influye en nuestra vida. Obvio que si, existe. Aunque pareciera que a veces debemos ordenarlo o simplemente ignorarlo, callarlo para que el mundo de lo concreto siga su marcha sin obstáculos, sin piedras en el camino, sin cosas tontas que se saben no convenientes. Pero a veces sale el lado masoquista, por así decirlo, y ahí... queda la grande! A veces es bueno oírlo, lanzarse, intentar, sin embargo, por ahora no es esa la opción correcta a elegir. Las decisiones deben ser respetadas y las amistades valoradas.


En un intento por sacudirme este extraño humor que me ha acompañado este par de días, seguí un consejo que alguien me dio hoy. Se basaba en que uno debe escuchar la música de acuerdo a lo que siente en ese momento, es inútil escuchar algo para que te suba el ánimo y las ganas si eso no es realmente lo que sientes. Más aún, produce algo así como un efecto de acostumbramiento, por decirlo así, porque cuando de verdad sientas eso que intentas sentir con la música, será algo más de lo mismo, casi una emoción vacía. Por lo que entendí y haciendo una analogía, es como cuando te gusta mucho algo, que generalmente haces poco frecuentemente y lo comienzas a hacer como algo habitual, pierde algo de esa magia, de eso que lo hace especial e irrepetible, el sentir, en tu piel, en tu sangre que eso que sientes se ha generado espontáneamente en ti. ¿O me equivoco?
Y cito nuevamente a mi vecino de blog con su buena frase , salida quizás no de una fuente esperada, pero con excelentes resultados: disfrutar de los pequeños detalles. Excelente consejo. Muy buen tema. Tanto así que deberíamos aplicarlo siempre, en cada ocasión, incluso en esos momentos en que la oscuridad parece cubrir cada milímetro de luz alrededor y pareciera que todo lo que nos ha sucedido no es más que parte del único y negativo balance del día. Pues pareciera que no es así. Otro apoyo para mi idea de que todo pasa por algo o para algo.

¿Se ha preguntado usted, querido lector, que ha habido de bueno en el día de hoy para usted?
Pregúnteselo a si mismo y verá que hay muchas razones por las cuales disfrutar de su vida y ser feliz, ya sea con mucho o con poco.
Una de ellas es que por una u otra razón ha llegado aquí, ha leído esto y por más simple que parezca el ejercicio, ya está pensando, reflexionando o cuestionándose algunas cosas. Del todo algo positivo, no? Está pensando en este momento en su vida y en las razones que el día de hoy le ha dado para irse a dormir contento y levantarse mañana esperando lo que le depara un nuevo día. Fascinante, ¿Cierto?


Bien, luego de esta... podría decirse pequeña parte "interactiva", continúo con lo que decía.
Hablaba de que seguí estos consejos y me dispuse, al ir llegando a casa luego de un día en la Uni, a escuchar una canción que expresara como me sentía en ese momento. No me guié por la letra, solo sentí la música. Las canciones que en esos momentos fueron ideales (y que por cierto son muy buenas) fueron: Firework - Katy Perry; Fix You - Coldplay; Wishmaster - Nightwish y My sacrifice - Creed.
Buenos temas.

Me llamo la atención cuando escuché la penúltima canción enumerada arriba, que me pasó algo muy extraño. Inicialmente, me dieron ganas de correr, luego ganas de llorar seguidas de la sensación de deshacerme como convertida en agua y caer al piso. Raro, en extremo, porque mientras esa cantidad de sensaciones las sentía vividamente, mi cuerpo caminaba recta y normalmente por el pasillo del metro, sin ninguna lágrima en mi rostro, sin amagues de caer al suelo y sin acelerar el paso más que lo común.
Fue entonces cuando descubrí lo que necesitaba. Liberar esa energía.
¿Cómo?
Como primero se me ocurrió. Correr. No ahí, no en ese momento. Era algo que necesitaba hacer en la soledad de mis pensamientos o más intimamente aún, sin pensar nada. Difícil tarea, pero puede intentarse.

Al llegar finalmente  a casa, hubo un pequeño cambio en el plan...
Plan B: Elíptica.
Así que me dispuse a ponerme ropa cómoda, sacar la famosa maquinita de donde estaba y subirme para hacer ejercicio.
El tiempo se pasó volando. Como si en las condiciones físicas en que me encuentro fuera común mantenerse a paso firme 1 hora. Me sorprendió. No pensé durar tanto, pero mientras más hacia, y más cansancio sentía,  continuaba como guiada por una fuerza interior inagotable. Más, más, más y más...
Era agradable, como si al continuar superara un nuevo límite y estuviera un poco más cerca de mi liberación interna.
Continué así hasta que me cansé y necesité líquido de manera obligatoria.
El cansancio era y es evidente en mi, pero ¿Qué importa el cansancio si al fin lograré recuperar mi mirada de siempre en lugar de un fondo triste? O talvez eso creo. Mañana lo sabré. Puede que sea más obvio para un observador externo si hubo cambio o no.


Hasta entonces, me rendiré a las manos de Morfeo, que el sueño es mi debilidad y el cuerpo es débil, más aún cuando está cansado.

¿Qué hubo de bueno hoy para mi?
Muchas cosas... entre ellas recibir y aplicar un buen consejo. GRAN detalle para este día. ¿Qué más se puede pedir?

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