viernes, 29 de agosto de 2014

Caída libre

Pensando en qué escribir, en mis habituales rondas por internet, algo que leí que me iluminó una idea en la mente...

¿Por qué temerle al fracaso?
Se nos enseña a no cometer errores. Claro está que generalmente los errores que cometemos traen de la mano malas sensaciones y la frustración de no haber logrado lo que queríamos, pero ¿Será en cierto punto necesario equivocarnos? Muchos dicen que lo errores sirven para aprender de ellos, y por supuesto que tienen razón, pero ¿Cuántas veces necesitamos equivocarnos en lo mismo para aprender? Porque, a veces cuesta hacerse entrar en razón y aceptar lo que es a todas luces evidente, pero que aún no incorporamos a nuestro esquema de decisiones. Dicen que los locos son los que esperan obtener resultados distintos haciendo lo mismo... Locura o terquedad, hay cosas que es difícil aprender y simplemente se obtienen "a golpes y porrazos".
Por otro lado, es importante observarse a uno mismo y darse cuenta de cuantas veces ha dejado de intentar por temor a fallar... Qué clase de vida es esa? Está bien temerle a lo desconocido, es natural, cuando se intenta algo nunca se sabe a ciencia cierta qué va a suceder, no tenemos la ecuación perfecta que determina el momento preciso de hacer o no hacer x para obtener determinado valor de y. Pueden existir probabilidades de un resultado u otro, pero también hay excepciones a la regla, está el azar y bueno... todas las cosas posibles que puedan influir en el resultado final. En eso está la magia de la vida, sería muy aburrido tener la respuesta para todo, vivir el guión de una obra de teatro.

Por qué no atreverme a acercarme a una persona que me interesa?
Por qué no atreverme a emprender un proyecto que involucra gran responsabilidad?
Si hay quienes han escalado esas montañas, por qué yo no puedo llegar a la cima también.

Suele suceder que frente a estas situaciones uno puede sentirse inseguro de si mismo, de las propias cualidades y capacidades. Es importante también conocerse y saber qué podemos y no podemos hacer/dar/soportar. No tiene sentido comenzar la partida habiendo perdido el juego.
Exponerse al juicio de otros es algo que también juega en contra si se es muy sensible al respecto. Pero, a quién le importa lo que haga, es mi propia vida, no?. (Al que no le guste, que se aguante)

A fin de cuentas, todas esas cosas son manejables si uno de verdad quiere algo. Cómo vas a perder la oportunidad de hacerlo, de vivirlo. Más vale haberlo vivido que imaginar como haya sido. Más vale pedir perdón que pedir permiso, como dicen por ahí jaja.
Además, no está demás arriesgarse de vez en cuando, no todo tiene que ser perfectamente calculado y medido previamente. A veces las cosas son más simples de lo que parecen y sólo basta atreverse para ver los resultados. No es un saltar al vacío cada vez, pero de vez en cuando es agradable sentir el viento en la cara.
Hay que atreverse a saltar, pero sin olvidar el paracaídas (a veces las caídas son duras). Porque, qué sería de la vida sin errores? Qué sería de la vida sin esas pequeñas caídas libres, esos momentos de adrenalina, de inseguridad completa, de no saber qué hacer, pero que te importe un carajo...
Vívelos lo suficiente, para que cuando los años te pesen encima, no te arrepientas de haber hecho lo que debiste hace mucho tiempo, ya será tarde para tomar ese riesgo al que tanto le temías y nunca supiste "qué pasaría si..."

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"Quien no se arriesga, no cruza el río"


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