La misma materia, un mundo nuevo.-
Esa fue la frase que vino a mi mente hace unos segundos, cuando recordando un comentario que escuché hoy, hice remembranza de los tiempos en que yo daba biología celular como ramo de la malla curricular.
Hace un año ya de eso y parece tan cercano y tan lejano a la vez. Unas cuantas entradas de blog atrás, cuando aún no te conocía como te conozco ahora, cuando aún éramos sólo compañeros, nada más que eso.
Recordé esas sensaciones de que podía estar en un mundo que me era fácil, en que podía sentirme más segura, en el que yo dominaba, mi clase preferida. En este preciso momento en que la vida universitaria se hace más compleja, añoro esos momentos.
También, como ya dije, en ese tiempo no éramos más que compañeros... claro... con alguna miradilla loca por ahí, pero nada más. Hablábamos como hablaríamos con cualquiera. Pero aún tengo frescas en mi recuerdo esas mariposillas que revoloteaban en mi interior cuando hablaba contigo e inevitablemente, me hacían sonreír.
Eras gran parte de esos factores nuevos en el juego que me hacían más difícil predecir el resultado de cada día. Era la emoción de algo nuevo.
Bastante tiempo ha pasado de aquello... meses... un año ya... Pero ahora puedo aún sentirme así cada vez que quiera, aunque las circunstancias me abrumen por las causas del destino. Esta vida que vivo, es mía y por tanto tengo derecho a hacer de ella una valle de penas o uno de alegrías. Desde que te tengo a mi lado, no sabría decir si han cambiado muchas o pocas de esas cosas que le dan el toque nuevo a cada mañana. Estoy en mi terreno, domino mi vida y me siento en casa siendo como soy, teniéndote a mi lado, como parte de ella. Sin embargo, y aunque suene contrario, a pesar de que ya no eres ese agente nuevo en mi mundo configurado, sino que ya eres parte de él, aún así logras romper con la monotonía que a veces le otorgo a las cosas de cada día. Sigues jugando este juego como un agente de cambio y movimiento.
Juntos podemos hacer de este nuevo mundo que cruzamos, la materia que siempre hemos visto, esa que nos hace sentir en casa, con las riendas en la mano y que nos sustenta para no avanzar en el vacío. Esa promesa que llamamos amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario