domingo, 1 de abril de 2012

Escritos desempolvados

Ese tipo de historias que alguna vez quise contar, pero no tuve el blog abierto y olvidé pasar.
Porque simplemente es maravilloso tener algo para recordar como eran las cosas y como eramos nosotros antes de ahora :).

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Subí al tren sin más esperanzas que las que se tienen luego de una larga noche sin dormir. Tuve la ilusión de que una taza de café despejara un poco mi mente. Fue inútil; más que soñolienta parecía un sonámbulo. Era como si hubiese dormido sobre un colchón relleno con papas.
Y así desde los dedos de Morfeo, me encaminaba por mi ruta, confiando en que mis pies que día a día seguían el mismo camino, me llevaran por el lugar correcto.

Sería casi mitad del trayecto cuando tras el reacomode de la gente que sube y baja del vagón, pude ver tu rostro entre los demás. Casi como si me llamara y me dijera: - Voltea. Aquí estoy.
Presa por unos instantes del embobamiento de saber si eras tú u otra persona, tendí a través del espacio que nos separaba una línea invisible para tratar de enfocar tu rostro en mi mente y hacer más fácil para mi cerebro el trabajo de reconocimiento.
Sí, eras tú.
Una sonrisa con un toque un tanto malicioso se bosquejó en mi rostro y una leve satisfacción me iluminó los ojos. Era la mañana perfecta, obviando, claro, mi destruido aspecto producto del cansancio, sin olvidar mis oscuras ojeras de estudiante.
Dudé si hablarte o no. - Qué absurdo, jamás he sido tímida!. Sin embargo, preferí mirarte de manera aparentemente descuidada hasta que me vieras y me reconocieras. Además, también tenías cara de no haber dormido muy bien, de modo que me entregué a la tarea de una leve contemplación a tu figura.
No puedo negar que cierta dulzura emana de ti cuando soñoliento, cierras los ojos y te echas hacia atrás para apoyar la cabeza en la puerta, como durmiendo.

Cuando al fin me viste, sonreíste. Me acerqué hacia donde estabas. Pude notar que tu actitud cambió desde la típica cara de poker del viaje en metro, a un comportamiento más relajado, familiar diría yo. hasta podría decir que te pusiste muy feliz de verme. Lo pude sentir, aunque no tengo pruebas claras, sólo fue lo que me pareció - aunque puede que solo yo lo haya pensado así-.
Como sea, sólo quería decirte cómo fue que ese día me alegraste una gris mañana.


Escrito el 22 de julio de 2011

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