viernes, 7 de octubre de 2011

La vida entre raíces, ramas y hojas

Podríamos ser árboles, pensé al fin un día... Seriamos espectadores de las vidas de cientos y cientos de otras almas que van y vienen, que se sientan a nuestra sombra a descansar, a observar en un instante lo eterno de la vida, a compartir un beso, una vida, tan sólo un rato...
Tendríamos cientos de hojas cada primavera que con el tiempo se irán tornando de distintos colores y caerán viajando presas de una corriente de viento a donde quiera que sea, desde el inmediato suelo que jamás soñaron conocer de cerca, hasta un extraño lugar más allá de los dominios de mi propia vista. Se posarían en las cosas, en las plantas, en los animales, en las personas, sería como ponerles una mano en el hombro y decirles: no estás sólo en este mundo. Esparciría una temporal y sutil huella de mí más allá de donde mi raíz me lo permite.
... Pero me aterran las cosas que observaría, son tantos los años, tantas cosas que pueden ser vistas buenas y malas... lo más triste serían esas hermosas historias que nunca veré completas, cuando esos jóvenes de alejan caminando de la mano por la calle, ¿Qué será de sus vidas después?; cuando las aves que se posan en mis ramas y luego vuelan hacia cielos infinitos ¿Qué será de ellas?. No hay más remedio que verlas de este modo, no puedo moverme, veo las cosas sólo como puedo verlas...A no ser que alguien quiera contármelas... Y aunque la mayoría de las personas no habla con nosotros los árboles, confío en que al menos una vez durante mi larga vida se acercará nuevamente esa dulce niña a abrazarme con el cariño que abrazaría a su mascota y me diga estrechando mi tronco: No he olvidado que estas vivo, puedo sentirlo - con una dulce sonrisa en el rostro.

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